...o tal vez lo detestesTe amo, Diana Rosas. Cada amanecer es también un despliegue de verdades, de gritos. Te quiero cerca de mí: entre mi sábanas, entre mis brazos, entre mis días, entre mis labios, entre mis cambios.
Hable con ella (pt. 3)Hoy te vi con un chico. Sabía que el momento tenía que llegar, he estado a la expectativa desde el primer minuto, y aun no estaba preparado; me desarmaste,
un touché justo al pecho. Supongo que entiendes lo que digo. Acto seguido, perdí el control, el volante se me hizo a un lado y a otro, me sentí mareado, olvidé todo piso y toda forma... precisamente porque estabas junto a un desconocido que se exhibía en plan romance mientras yo observaba del otro lado del cristal. Te veías tan contenta, riendo con él como nunca reíste conmigo. Ahora deseo poner en marcha un contraataque, una especie de acción retardada, pero nada tiene sentido. Tú ya no eres para mí.
En cierto modo, no está tan lejos esto de "Hable con ella", ¿sabes? La verdad es que la analogía nos va perfecta en su completa extensión, nos calza suavemente porque la historia fue hecha para nosotros. Los pequeños encuadres que no caben, los detalles que se salen de la línea, fácilmente serán recortados. Habrá pocos extremos discordantes, y si los olvidamos, los ejes se deslizarán suavemente.
Hay algo entre tú y yo que quedó a medio camino, tenemos en el filo de los labios una confesión que no se hizo y en ese mismo filo se balancea. Tengo un debate persistente entre soltar el último resquicio al que me aferro y caer dentro de tu laberinto delicioso. La confidencia límbica, la bestia negra, sigue enjaulada. Aquí está nuestra premisa, el añejo pendiente que nos coloca en nuestros personajes adoptivos. Hable con ella.
Yo no me llamo Benigno, pero perfectamente pudiera llamarme Benigno, y tu Alicia; y Benigno le profesa un amor indescriptible a Alicia. He descubierto que sólo dormido tengo las palabras necesarias y precisas para detallar la intensidad y el alcance de este amor, pero una vez despierto las palabras se han ido, se me acaban las voces para darte; o quizás únicamente en sueños las voces tienen la dimensión que necesito. En los minutos indefinidos del sueño es cuando se desarrolla una historia y una valentía vaporosas. Entonces es factible esperarte en un rincón, tomarte del brazo, y sin avisar, plantarte un beso en el que poco a poco vas cediendo al encanto de los peces, de las luciérnagas húmedas. Apenas así es posible entrar contigo en una acalorada discusión de mutuas confesiones donde finalmente desempolvamos anquilosados engranes. Claro que tenerte enfrente es otra cosa. Encararnos es volvernos hacia atrás, es temor al agua y maullidos y pelos y erizos. Tus ojos atrapan moscas, tus ojos son trescientas espinas con flor. Eso Benigno no lo tenía que soportar.
Independientemente de qué tanto escriba o cuánto lo piense o cómo lo diga, tú no me escuchas. Eres Alicia porque estás confinada a esa cama, una cama intangible de orgullo e indolencia, y mientras estás inconsciente yo podría muy bien bañarte con una esponja suave sin tu siquiera notarlo. Me dirijo a ti como si fuera a obtener respuesta, aunque no estás en coma real (un dato que también vamos a obviar). Imaginemos el tuyo un coma de vidrio, lo cual es aceptable porque si vamos a ser Benigno y Alicia yo tengo que amarte, y tú estar en coma.
Cumplimos el triángulo al pie de la letra: hay algo entre los dos que no se dijo, yo te amo y tú no lo sabes. Hable con ella. Es lo único que me queda, hablar contigo es lo que hago con palabras blancas y sin interlocutor. Esta es mi manera de comunicarte y tú lo ignoras. Lo pendiente se filtra aquí, en tantas letras, en cada frase que no me sale como yo hubiera querido, como tú te la mereces. Lo que te escribo aquí es la sola forma en que puedo hablarte, y es lo puro que me queda. Hablo contigo. Hable con ella.
Tú:flor-No -declaró el principito-. Busco amigos. ¿Qué es "domesticar"?
-Es algo harto olvidado -dijo la zorra-. Eso significa "estrechar lazos".
-¿Estrechar lazos?
-Seguro -insistió la zorra-. Tu no eres todavía, para mí, sino un muchachito muy parecido a cien mil muchachitos más. Y yo no te necesito. Y tú tampoco me necesitas a mí. No soy para ti sino una zorra semejante a otras cien mil. Pero si tú me domesticas, tendremos necesidades uno del otro. Tú serás para mí el único en el mundo... Yo seré para ti la única en el mundo...
-Empiezo a comprender -confesó el principito-. Hay una flor... creo que me ha domesticado...
Dark side of the...-Hermano, imagina que me gano unos mil dolarucos?
-Te estás uniendo al lado oscuro, todos imaginan eso.